domingo, 14 de agosto de 2016
SM
Tantos poemas hablando de mí
ni si quiera ellos comprenden qué sucede en esta habitación sangrienta
y sin embargo eres tan inmensa como algo a punto de suceder
que no llega
y no llega
y hace tanto frío al otro lado de la puerta
que confundo el eco de los llantos con mis propios poemas,
atravieso la oscuridad
que hace tiempo comparto y divido con mi enemigo interior,
y no llega
y no llega algo que debería destrozarlo todo
para que emerja de sí mismo algo nuevo y más solido;
pájaros tipo fénix en silencio
y en el silencio no hallo más que tristeza y un dolor antiguo que me grita
que me calle,
y soy ese supuesto,
esa razón, ese engaño,
que me atrapa del cuello y me clava cuchillos en el pecho.
He caído tan bajo que diferencio la respiración de mis propias quimeras,
achacado espero a que los avances de las hiedras me sepulten y así entienda...
Y ASÍ ENTIENDA EN CUANTAS PARTES ME DESHAGO CADA VEZ QUE ESCRIBO
y como afrontar esta dicotomía que me absorbe y me resta cada vez más fuerte...
Mi hermano está muerto.
MI HERMANO ESTÁ MUERTO.
Nadie ha llorado su pena porque no existe
y en las manos de ningún Dios se ha llevado el viento sus cenizas,
mi alma está sometida a otra persona que habla y grita en mi nombre,
tiene la lengua sucia y las manos manchadas de silencio,
pero ya no está,
ese alguien
ya no está,
y aún así no cesa esta constante paradoja de destrucción y poemas vacíos,
pero he sido yo quién, callado,
ha abordado por su propia extinción en silencio como una cerilla
que no por fuego si no por la nostalgia, se consume.
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